Si hacemos un poco de historia nos tendríamos que remontar a finales de los años cincuenta de siglo pasado. Por aquellos años y siendo muy niño desperté muchísimo interés por el belén, quizás abonada por mi dedicación a la Iglesia mayor de Santiago como monaguillo, ayudando al sacristán Higinio al montaje del belén año tras año.
A la edad de nueve años monto mi primer belén con figuras de barro de ocho centímetros. En aquellas añoradas fechas navideñas constituía una gran emoción llegar a casa y poder ver ese pequeño belén que constaba tan solo del portal de belén, dos pastores y cuatro ovejas.
En los primeros años trabajé el cartón, más adelante la madera, eso si, con mucha dificultad, pues por aquella época mis medios económicos eran muy limitados y tuve que ir adquiriendo herramientas de marquetería paulatinamente.
La elaboración de dichas construcciones eran extraordinariamente laboriosas, por que, la madera no es un material flexible y no deja margen para este tipo de trabajos.
(apreciar foto inferior) |